Una venganza muy dulce, una boca muy sabrosa... [Priv Callum]

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Una venganza muy dulce, una boca muy sabrosa... [Priv Callum]

Mensaje por Edward Whitewood el Sáb Feb 02, 2013 2:00 am

La última tecnología oculta en aquel palacio de estilo rústico era peculiar... sin duda muy útil contra ladrones ordinarios por mucho que fuesen expertos... pero más que inútil contra aquella clase de ladrón que, traslúcido, recorría los pasillos del gran edificio siendo atravesado por los láseres invisibles sin que estos detectasen el más mínimo rastro de materia sólida sobre la que avisar a las múltiples trampas mortales que había por el lugar esparcidas.

Cierto ladrón de renombre llevaba ya varios minutos dentro de aquella zona fuertemente custodiada por aquellos ingenios, preguntándose cuándo comenzarían las tradicionales y efectivas trampas mágicas, cuando por fin alcanzó la primera puerta que cerraba el paso hacia la sala del tesoro de aquel extravagante y odioso noble... al menos la primera puerta que le había hecho detenerse más de cinco segundos por ser de origen mágico y no mecánico, claro.
Aquel tipo despreciable había cometido el error de molestarlo en la última fiesta que había dado en su mansión... y ahora iba a pagar por la afrenta. Seguramente cuando terminase aquella noche tendría que venderse como alfil... pobre... tan gordo y repugnante no lo querría nadie y terminaría muerto en alguna cuneta en menos de lo que se tardaba en chasquear los dedos. Edward sonreía de solo pensarlo...

El sello de la puerta se rompió sin el más mínimo sonido, y el Mago de la Baraja penetró en aquella segunda sala llena de baldosas que estaba claro que poseía una trampa mucho más potente y que se activaría sí o sí en cuanto pusiese uno solo de sus elegantes zapatos blancos en aquel suelo encantado... pero en fin, para ello estaba allí, para hacer saltar las trampas y hacerlas inocuas al instante siguiente.
Así pues se hizo corpóreo... y dio un paso. Al mismo tiempo que el monstruo gigante con guadaña que apareció frente a él... cubriendo el paso por la puerta que tenía detrás y que, gracias a su monóculo, Edward supo que era la del tesoro. Aquello era demasiado fácil... casi le aguaba la fiesta. Casi... después de todo ver en la ruina a aquel repugnante gordo sería suficiente compensación por la falta de diversión de sus instalaciones.

El ser lanzó un ataque contra él, destrozando paredes con aquel enorme filo y terminando por frenarse en el escudo que el mago invocó tranquilamente, siendo a pesar de ello, y como ya tenía previsto, lanzado por la fuerza del impacto hacia la izquierda, en lugar de chocando contra el muro sencillamente colocándose en posición... y aterrizando en la pared como si fuese otro suelo, comenzando a correr rumbo hacia la puerta bordeando al horripilante ser deforme que debía de ser uno de aquellos golems de carne que el Rey de Zoe había puesto tanto de moda.
Edward se sacó de la manga una sota de tréboles y sonrió sin parar de correr.
- Invocación de Tréboles... Rango de Sota -murmuró con su sensual voz, lanzando la carta al suelo frente al monstruo... justo antes de que del objeto "manase" una criatura incluso más horripilante que la abominación cosida que era el guardián de aquel tesoro; un enorme ser ensangrentado con sombrero de bufón, cuerpo delgado y blanco de carta y el símbolo del trébol en donde debería estar su pecho, armado con una guadaña idéntica a la del otro ser.

Edward recuperó su invisibilidad en el mismo momento en el que su invocación se giró para buscarlo... y matarlo, aterrizando delante de la puerta justo cuando los dos seres se enzarzaron en una encarnizada batalla que comenzó a hacer temblar los cimientos del edificio... o de la sala, al menos, ya que por suerte el muy idiota del conde la había sellado con magia, por lo que nadie se enteraría de lo que allí pasase por mucho que Edward hubiese roto el sello de la puerta; el ruído que se filtraría sería mínimo.
Así, el ladrón abrió la última puerta y se coló en el interior de la sala del tesoro, sin siquiera pararse a contemplar todas aquellas riquezas sacando la carta del As de Tréboles y alzándola frente a las pilas y pilas de tesoros.
- Invocación Inversa de Tréboles... Rango de As -murmuró, sosteniendo la carta con firmeza mientras ésta comenzaba a absorber todos aquellas maravillas... que reaparecerían al otro lado del tunel mágico que había establecido en una de las muchas cámaras secretas que los terrenos subterraneos de su palacio poseían.
Dejó limpia la sala en cuestión de segundos.

Con su botín ya listo, el mago salió de la última sala, viendo aún a ambas criaturas enfrentadas sin que ni una ni otra cediese terreno... y entonces vio algo que no se esperaba.
Sus ojos se abrieron por el placer al ver a una criatura harto interesante asomándose cautelosamente a la sala donde los dos gigantes tenían su duelo... y como a pesar de que Edward era un caballero, también seguía sus instintos, decidió dejarse llevar por la segunda opción aquella vez...
Se hizo visible (atrayendo las horrendas miradas de ambos monstruos) y se corrió entre ambos seres hasta alcanzar en apenas un suspiro a aquella especie de cabritillo... al posarse frente a él repentinamente trasladándose los últimos diez metros que los separaban... besándolo y metiéndole la lengua hasta la garganta sin mediar palabra ni siquiera tocarlo. Aquella boca le había apetecido demasiado...

Al separarse se relamió, percibiendo cómo a su espalda ambos monstruos alzaban sus guadañas en su dirección y sin dejar de mirar fijamente a los ojos azules de aquel delicioso carnerito.
- Mmmm... me gusta tu boca, novato... -ronroneó sensualmente al que sabía que era otro ladrón que debían haber enviado a lo que él ya había hecho... por suerte, sino el pequeño ya estaría muerto, seguramente- Asegúrate de sobrevivir a esto para que pueda jugar contigo otro día... ¿si? -le guiñó uno de sus ojos azules... y estalló en por lo menos una treintena de mariposas azules que salieron volando hacia todos lados hasta desaparecer como si fuesen humo cuando las dos armas de los monstruos buscaron su carne.

En el mismo momento en el que se teletransportó, dejando tras de sí aquella hermosa ilusión para desconcertar al cabritillo y al monstruo guardián, Edward deshizo la invocación, y el monstruo Sota desapareció al igual que la carta que lo había convocado, que volvió al mazo entre las ropas del mago.
Viendo que ahora el otro estaría en problemas, el hechicero se quedó cerca, invisible, contemplando lo que iba a pasar y listo para proteger con su magia al otro si estaba a punto de morir (por supuesto si lo hacía sería discreto para que no lo notase); en una simple mirada aquel muchachito le había cautivado... no podía dejarlo morir así (aunque gracias a su oportuna aparición también cargaría con el muerto otra persona, así que... mejor que mejor).
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Re: Una venganza muy dulce, una boca muy sabrosa... [Priv Callum]

Mensaje por Callum el Sáb Feb 02, 2013 8:56 am

Al haber sido atrapado con la guardia baja en el bosque, había quedado a merced de un grupo de cazadores que le drogaron con dardos tranquilizantes y se lo llevaron a un lugar maloliente, donde le mantuvieron en una jaula, junto a otras con híbridos como él y también algunos animales medio moribundos. Todos allí parecían no haber comido en días o tal vez semanas, incluso.

Pasó allí mucho tiempo, la mayor parte de él a oscuras, con la caja metálica cubierta por una enorme manta raída y llena de pulgas. El ambiente estaba cargado de olores repugnantes que le revolvían a uno el estómago y a penas se acercaban compradores a examinar la mercancía. Al parecer a él, le trataban algo mejor que a los demás, porque según había escuchado hablar a sus celadores, un híbrido cabrío era extraño de narices en aquellos tiempos. A él todo eso le importaba una mierda, sólo quería largarse y darse un baño con leche de burra y beber jarabe de arce alcoholizado.

Finalmente, un tipo extraño y rematadamente petulante le había comprado por una cantidad moderada de dinero, nada que él mismo no hubiese podido conseguir con un par de trabajillos bien hechos. Pero aquellos mercenarios no habían querido escucharle, no creían sus hazañas ni confiaban en que regresase con el dinero de su libertad. Lo cual era bien cierto, de haberle dejado una horquilla para el pelo, se hubiese largado de allí tan rápido que ni su sombra hubiese podido alcanzarle.

Al menos había logrado salir de aquel recinto y le llevaron a un lugar más limpio. Encadenado. Un grillete metálico alrededor de su cuello le mantenía bajo control. Fue aseado con mangueras a presión y cepillos demasiado duros para su bonita piel. Le desinfectaron con productos químicos que bien podrían haber sido corrosivos y finalmente lanzaron un mono negro de manga larga que al ponérselo, prácticamente se convirtió en una segunda piel. Malditos tejidos inteligentes...

Le insertaron un localizador bajo la piel y le soltaron en mitad de la nada, o al menos eso le pareció a él. Miró a su alrededor y ni rastro de vida en cuanto desapareció el transporte que le había llevado hasta allí. A su lado, un pequeño macuto y una nota adherida a éste con un imperdible: "Si tu libertad deseas hallar, la recompensa deberás ganar. Trae el ojo del dragón rojo a este mismo lugar en dos días o serás devorado en un estofado con judías." Alzó una ceja, medio burlón y a punto estaba de reírse, cuando un pequeño pitido empezó a parpadear en su oído. Sabía lo que era, había escuchado hablar de las bombas temporizadoras incrustadas. Así que fuera quien fuera su comprador, no se andaba con tonterías, ¿eh? Suspiró pesadamente, cargó con la bolsa al hombro e intentó orientarse por la posición del sol.

Tardó más de seis horas en llegar al palacio de los rumores, lo había visto en multitud de mapas y sabía por su majestuosidad y semi abandono, que estaba en el lugar correcto. Se adentró en el lugar con sigilo, sorteando trampas con brincos dignos de la mejor cabra montesa del mundo conocido y piruetas de funambulista. Usó sus dotes de ladrón y su sigilo innato para colarse por lugares extraños y poco vigilados o sortear las decenas de láseres que harían saltar las trampas, ya que gracias a un puñado de arena cogido antes de entrar, pudo detectar los invisibles rayos delatores.

Al fin vislumbró una gran puerta que debía llevar a la cámara donde el dueño de aquel lugar escondería todos sus tesoros, su inmensa fortuna. No tenía pensado irse de allí sólo con el ojo de dragón, sino que cogería algunas cosillas para él también, a fin de cuentas, tenía que ganarse la vida. Sonrió, ilusionado con la idea, hasta que al entreabrir la puerta, escuchó un feroz gruñido. Se asomó lentamente a ver en el interior y descubrió a dos enormes criaturas feas a más no poder, luchando la una contra la otra. ¿Qué diablos era aquello? Entornó los ojos, frunciendo el ceño, claramente mosqueado y rechinó los dientes. Malditos seres horribles, ¡se estaban interponiendo en su camino! Dio un paso al frente, dispuesto a escabullirse por entre las piernas de aquellos gigantes, cuando de pronto se topó con un hombre extraño vestido de blanco con una gran chistera sobre la cabeza. Abrió la boca, dispuesto a cagarse en todos esos entrometidos, pero se quedó mudo al recibir un fogoso beso con lengua. ¿Pero qué...? Sus ojos se abrieron como platos, estupefacto como estaba y para cuando se quiso dar cuenta, volvía a estar sólo con los bichos aquellos... espera, sólo había uno y... ¡y le acababa de descubrir!

- ¡Hostia puta! -Se agachó justo a tiempo de esquivar un golpe de guadaña y corrió hacia el otro extremo de la sala. En su mente seguía danzando la imagen de aquel maguito raro, pero necesitaba concentrarse si quería salir vivo de esa. Se impulsó con las piernas y dio un salto hacia la pared, usándola de trampolín para aterrizar sobre la cabeza del asqueroso animal poco agraciado.- ¡Ahora verás lo que es bueno! -Metió la mano en la alforja y sacó un pequeño cuchillo que rápidamente hundió en la cabeza ajena, hasta la empuñadura. Aquello arrancó un grito ensordecedor del extraño ser sobre el que se encontraba, pero no parecía ser suficiente para acabar con él. Debería encontrar su punto débil, pero con tanta costura, a saber donde tenía el centro neurálgico o como coño se llamara la batería que mantenía con vida al mutante. Intentó asomarse a mirar, pero el bicharraco le agarró con una zarpa y le lanzó lejos, contra el suelo, logrando que quedase algo conmocionado. Su visión se empezaba a tornar un poco borrosa y le dolía la rodilla derecha. Intentó levantarse con mucho esfuerzo y se apoyó contra el muro. Esta vez, la había cagado pero bien...
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Re: Una venganza muy dulce, una boca muy sabrosa... [Priv Callum]

Mensaje por Edward Whitewood el Jue Feb 21, 2013 7:07 am

Muy novato no debía de ser aquel bello cabrito; aunque sin duda a años luz de su propia experiencia y capacidad como ladrón, el haber llegado hasta aquel punto ya no era moco de pavo, pero al ver la ausencia total de poder mágico en su cuerpo no era difícil de ver que si él no hubiese abierto el sello de la última puerta el chico no habría podido siquiera cruzar al suelo de baldosas trampa. Aún así, sólo de imaginarlo esquivando los láseres con un cuerpo que presuponía extremadamente flexible sus ojos no podían evitar inspeccionarlo con hambre... últimamente había estado demasiado ocupado con su "trabajo social" y sus "trabajos nocturnos" como para dedicarle siquiera unos minutos de su tiempo al placer... puede que ya fuese tiempo de solventar aquel problema; después de todo era un hombre por encima de ser un hombre exorbitadamente rico, y tenía sus necesidades como el más pobre pobretón...

Sin embargo, aquellos pensamientos efímeros debían dejar paso a otras cosas, como por ejemplo observar qué ocurría con aquel muchachito... que según parecía no era tan "flexible" como para enfrentarse con comodidad a un monstruo de seis metros por tres... en parte era comprensible, pero aquello no era lo que quería el afamado ladrón. Prefería a ese cabritito entero, no en filetes...
El chico logró esquivar por los pelos el primer golpe del demonio, corriendo hacia el otro extremo de la sala y haciendo una pirueta digna del propio Edward para catapultarse hasta la cabeza del ser, soltando aquella frase arquetípica que le arrancó una sonrisa al mago (aunque no tanto como dijo aquel "hostia puta" que casi le hace reír a carcajadas...) y sacando un pequeño cuchillito que le hizo alzar una ceja al brujo y que seguramente habría hecho lo mismo en el caso del monstruo si hubiese tenido cejas... algo así no podría hacerle demasiado, aunque sin duda sería doloroso.

El alarido de la criatura se lo confirmó apenas un segundo después, agarrando seguidamente al chico con aquella velocidad inhumana que poseía el ser y lanzándolo contra el suelo, según pareció dándole un golpe bastante fuerte y dejándolo un tanto conmocionado. Aquello se veía mal... el novato no había empezado mal, pero su error había sido creer que por ser tan grande el monstruo no tendría movilidad, cuando en realidad su movilidad era incluso mejor que la de muchas criaturillas mucho menores en tamaño que él.
Edward suspiró... y desde su invisibilidad sacó de entre sus mangas el siete... de tréboles. Con aquello bastaría.
- Siete de Tréboles... -cambió la forma de su hechizo, hablando en susurros inaudibles con los rugidos de la bestia- Rango de Gravedad Aumentada -apuntó con la carta hacia el suelo que pisaba el monstruo para acercarse al muchachito... y cuando el enorme pie del ser dio el siguiente pisotón que lo dejó casi encima del chico, el suelo bajo él cedió.
Con un alarido incluso más grande que el anterior, el monstruo se hundió en el suelo, cayendo los otros doce niveles que sabía disponían aquellos pasillos subterráneos... el tipo arrogante también quería de refugios amplios para él mismo por si llegaban a amenazarlo con un asedio o algo parecido... al menos para eso suponía Ed que sería todo aquel entramado absurdo de túneles que ahora le había proporcionado una victoria fácil. Únicamente había tenido que aumentar siete veces el peso del monstruo... que ya era imponente de por sí.

Sonrió, aún invisible, y se puso a unos cuantos pasos del chico, queriendo observar su cara cuando viese la sala del tesoro vacía, también queriendo averiguar si pensaría que aquello había sido suerte (lo cual le haría más gracia aún al mago, a pesar de haberlo hecho así ya para que pareciese cosa de la suerte del peso del monstruo) y queriendo seguirle al lugar que fuese que tuviese que volver después de aquello... tenía claro que si era un híbrido como él pensaba se ocuparía de que cambiase de dueños muuuuy pronto...
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